Hoy el post es del tripartito: Enric González, Gonzalo Martín y un servidor

Dice el cada vez más imprescindible Gonzalo Martín, citando a uno de mis periodistas favoritos, Enric González:

Esta cita de Enric González parece aplicable a todos los negocios sometidos a la presión digital:

Estas empresas sólo eran posibles en otras condiciones y creo que los periódicos generalistas tienen que desaparecer, porque no tienen sentido. Será bonito, puede quedar algo como vestigio de una época, pero ya no tiene sentido un periódico que te lo da todo, desde lo que ha pasado en Corea del Norte hasta lo que dan en el cine de tu barrio. Es antieconómico.

Hace muchos años el fundador de Ozú me insistía en que “en internet, hay que acotar, porque es inifinito”. Para los negocios editoriales que empiezan a tener el papel como un subproducto, la mutación parece total y la condena a la especialización una especie de Canción de Roldán redactada antes de la confirmación final.

Físico o digital en redes ubicuas generan un modelo de producción diferente al industrial (qué redundante resulta seguir hablando de esto como novedad en 2012, cuando llevan lustros ahí los Toffler, Negroponte, Castells, Himanen, Gladwell…) y en ese parece que la verticalidad, la desmasificación y la personalización son la regla frente a la estandarización y el granel. Otro tópico, pero parece que no nos acostumbramos.

Decía Félix Muñoz el otro día: “La buena publicidad sigue siendo la herramienta más potente que hay cuando está en un medio masivo”,  pero el problema “es que esto ocurre pocas veces”. Es decir, si los periódicos generalistas no tienen sentido, luego quienes los sustentan con su publicidad tampoco pueden comunicar de modo generalista porque, seguramente, ya casi nada es generalista.

Me aburre la coda, porque ahora pareciera que todo lo digital son medios sociales, pero si esto es así de mala manera van a ser efectivas interpretaciones masivas de lo que puedes hacer con las tecnologías y servicios para comunicar en la red.

Esperen, que me dejo la palabra segmentación.

No he podido por menos que reconvenirle que haya tenido los santos oeufs de no mencionar la palabra “personotecnia” en toda su perorata (a pesar de un tímido “personalización” por ahí. Gonzalo, miserable, que tu estás en el cogollo de los elegidos y sabes donde está el “state of the art”), a lo que ha replicado gallináceamente que me dejaba sitio en los comentarios para que hiciera yo la coda. Pues no, merece un post.

Volvemos a lo de siempre: El mundo de lo personal y de la construcción de relevancia viene para quedarse. Y el problema es que los skillsets de los “powers that be” en las nuevas disciplinas clave (Empezando por la personotecnia) son inexistentes. Y lo que es peor, no son conscientes de ello. Están convencidos de que su sarta de trivialidades les va a proteger de la ola que viene.

Yer fuck’d

Lo hemos mencionado ya una docena de veces. ¿Qué traen de nuevo las palabras de Enric González? La constatación de que las ratas transmitirán la peste bubónica, pero son animales muy listos. No solamente no estoy siendo peyorativo con Enric, que cada vez que ha abierto la boca (Le he usado en múltiples ponencias) no he podido sino asentir, sino que desde aquí reivindico la gilipollez que estamos cometiendo asociando contenidos peyorativos por defecto a esa expresión. Estamos llamando ratas a tu padre que emigró y volvió, y a la gente que es capaz de ver cuando un barco se dirige derechito al iceberg y no se cambia el curso de navegación porque no le rotan las pelotas al señorito. O porque su poltrona depende de ello. Prefiere ser capitán hundido que pasajero vivo.

Así que amigos en los medios, admitamos el asunto. Trabajemos juntos. Aunemos know how. O húndanse en silencio, sin echarle a nadie la culpa que no sea su propia tozudez. Porque los avisos están todos, ahí fuera, formando un elegante desfile en la pared.

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Asesinatos a cámara superlenta

Post dedicado al propiciador, uno de los sospechosos habituales, Juanjo Carmena (@juanjoc)

La primera vez que oí esta expresión (“Asesinato a cámara lenta”) fue en el horrible cúmulo de execrables actos que culminaron en la muerte del concejal de Ermua Miguel Angel Blanco. Dudo que alguien necesite algo de background data sobre el tema, pero si alguien lo necesita puede chequear este reciente artículo de Libertad Digital donde se recupera la expresión.

Sin embargo, me temo que la expresión se queda corta y no capta todos los matices si la intentamos aplicar a otro fenómeno que estoy percibiendo en muchísimos entornos empresariales. Por eso creo que necesito una definición un poco más fina de algo que denomino  “asesinatos a cámara superlenta”

Un asesinato a cámara superlenta, es, por ejemplo, lo que está ocurriendo con el modelo televisivo, como plantea aquí (Con un comprensible cuidadín por lo sensible del tema) el amigo Blodget, al que he traído varias veces a colación en este blog. El post es de Junio, pero me lo acaba de reenviar mi amigo Juanjo Carmena y a pesar de que me lo perdí en su día (Cosa rara porque a Blodget lo sigo y sus decks de State of Internet por ejemplo, son un clásico), ha resonado fuertemente en mí.

Llevo por razones profesionales viendo ultimamente varios asesinatos a cámara superlenta de muy cerca. Con gente muerta sin saberlo. Dead man walking. Modelos de fidelización caducos. Mecánicas publicitarias caducas. Mecánicas de facturación caducas. Mecánicas de negocio que infraponderan o simplemente ignoran Internet, la movilidad, los Tablets, las Redes Sociales, o todo a la vez. Con negocios que siguen facturando, y aparentemente sanos. Otros ya ni eso, con sus directivos rapiñando sin importarles ya las formas lo poco que queda antes del colapso definitivo del otrora gran carnívoro, ahora roído y consumido internamente por su propia ambición, avaricia y gilipollez.

Y como ya he dicho en multitud de ocasiones, lo peor es que lo saben de sobras. A ver si hay suerte y me prejubilo antes, se dicen. A ver si hay suerte y mis clientes son bobos, no ponen la oreja en internet, nadie les avisa, nadie les dice que toda mi parafernalia ya no tiene sentido.

Y que asuma el coste del cambio otro. O que la compañía se vaya directamente a tomar por el culo. Para lo que me queda en el convento…

“Si, pero pueden estar en ese estado años, Javier, no te calientes la cabeza. Además, que vas a hacer, ¿Cambiar physical dollars por digital cents?”

Fijáos bien en esta foto

La bala es Internet. Los crayons son Kodak, Blockbuster, [Autocensura 1], [Autocensura 2]

Kodak es el ejemplo paradigmático. ¿Que compañía tiene el mayor portfolio de patentes en fotografía digital? Kodak. De hecho fue lo primero que intentaron vender cuando entraron en Chapter 11, con el pequeño problema de que no se percataron de que “Beggars can’t be choosers” y cuando les ofrecieron menos de la mitad de su valor real, los retiraron de la venta.

Pero claro, no iban a canibalizar sus cash cows.

Yo aquí pienso como el sociópara de Mr. Jobs “Prefiero canibalizarme yo mismo a que lo haga mi competencia, que lo hará con mucho menos cariño” Si el equipo del Macintosh se iba a crujir al del Apple Lisa, mala suerte.

Es como si el tiempo se hubiera detenido justo después de la caída de la guillotina. La cabeza sigue en su sitio. El tiempo, congelado. Técnicamente, sigues vivo en ese instante, pero estás muerto.

Porque por muy lento que vaya, el tiempo sigue.

Como decía el legendario diálogo entre Ozymandias y el Dr. Manhattan:

Adrian Veidt: I did the right thing, didn’t I? It all worked out in the end.

Dr. Manhattan: ‘In the end’? Nothing ends, Adrian. Nothing ever ends.

Estás muerto. Todavía no has tenido tiempo de darte cuenta, la cabeza no ha caído, la sangre no ha dejado de fluir. Pero has dejado de latir. La apóptosis empezará en breve. Kaputt.

Para cada modelo de negocio tradicional, Internet tiene una bala de plata.

¿Alguien se acuerda de una película que se llamaba “Muerto al llegar”?

Dexter Cornell llega malherido a la comisaría donde pretende denunciar su propio asesinato. En su declaración recuerda lo sucedido en las últimas horas, a partir del suicidio de uno de los alumnos de su clase de literatura. Dexter tiene buenas razones para querer que se encuentre al asesino, pero no tiene demasiado tiempo.

Al menos Dexter era consciente de ello y no esperaba engañar a la muerte mirando a otro lado.

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Sin palabras (y III)

Con esto cerramos la trilogía “PrnScrn + Draw + Pulsión”

Visto en Facebook.

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Sin Palabras (II)

Me estoy acostumbrando a esto de las pulsiones y al PrnScrn.

Pero es que yo no lo podría hacer mejor usando 3,000 palabras.

En breve vuelta a los post enjundiosos, palabra.

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Sin palabras

Fecha: 9 de Septiembre de 2012. Lugar: Un blog cualquiera, de Business Insider. Comentarios: Ninguno, señoría.

 

Imagen

Posdatas:

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Un día en Facebook oyendo las cuadernas de la publicidad clásica crujir

Vamos a aliviar el natural pedantismo exacerbado de mis posts por medio de la utilización de modernas técnicas infográficas. En concreto el PrintScreen y el Draw.

Y voy a usar a mi círculo de amigos como cobayas.

Gambito de apertura de mi amigo Luis:

A no ser que usted sea completamente nuevo a Advertising Wreckage, reconocerá aquí un patrón que ya hemos comentado: La absoluta desconexión en términos de relevancia entre la publicidad y los contenidos adjuntos.

Sólo hacer notar dos obviedades, empezando por la mía propia.

Aquí ya entramos en el meollo. Confirmación de que normalmente las asunciones intuitivas no se suelen corresponder con la realidad,  cuestionamiento de raíz de la propia eficacia del mensaje publicitario, reafirmación en la absurdez del planteamiento de “una publicidad para dominarlos a todos” y en plan remate, una desmitificación de lo “alternativa” y “geek” que se considera una serie por su propio target objetivo (Big Bang es una serie para gente no geek que intenta entender a los geeks, mis cuñados me llaman Sheldon)

Y aquí llegamos al grand finale: Amigos, los frikis muestran en camino. Son consumidores, pero asumen que lo que les envía se la pela y se irán a su consola o a otras cosas más productivas que hacer que anuncios que son conscientes de que no son relevantes para ellos. Mi amenaza que se ve traducida en este post y la coda, que difícilmente puede ser más genial: Los que son realmente consumidores avanzados ni siquiera se van a poder permitir este dilema. Porque ya han borrado la publicidad en TV de su ecuación.

Así que hale, amigos, sigan ignorando The Writings on the Wall.  A su propio riesgo.

ACTUALIZACION: MARAVILLOSA coda introducida por mi amigo Cristóbal Vila:

 

Simplemente maravilloso.

No solamente refuerza lo comentado, sino que introduce un punto no valorado con anterioridad: Las armas de defensa contra la agresión publicitaria, como es lógico, están volviéndose desquiciadamente agresivas. Como el ataque mismo.

Por cierto, si no veis nada de las imágenes del post, desactivar vuestro Adblock 😉 A lo mejor no tenéis la iluminación que tuvo Cristóbal.

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La insoportable levedad publicitaria

No soy muy lado a leer a Hernán Casciari, pero hoy via Luis Vallespín, he llegado a una página magistral en Orsai donde se reflexiona (sin quererlo, o quizás sí) sobre todas las cosas que están mal en la publicidad actual.

El artículo entero está aquí, y es como de costumbre en Casciari, una pieza magistral de prosa, del que voy a sacar unos cuantos excerpts:

Una de las características de Orsai[…] es la ausencia absoluta de anuncios publicitarios. El blog nunca tuvo, en sus casi diez años de vida, ni un solo banner, ni un Adsense de Google. Y la revista tampoco. Ni perfumes, ni relojes, ni bebidas que interrumpan los contenidos artísticos. […] Sin embargo, nos encanta la publicidad como género artístico. Admiramos una buena idea gráfica, o un gran spot. Lo que odiamos, y mucho, es la cárcel económica de la publicidad.

En el mundo viejo, cuando querías hacer una revista […] lo primero que había que hacer era hablar con cocacola para que se anunciara en tu contratapa. No se podía empezar sin eso: lo llamaban “el capital inicial”. Con el dinero que te daba cocacola había que ir y promocionar la revista: poner carteles en las paredes del subterráneo, por ejemplo. Es decir: había que pedirle a una empresa dinero para dárselo a otra empresa. En medio, nunca nadie hablaba con los lectores. Nunca le preguntaban al lector si quería otra revista más en los quioscos.

Todavía sigue ocurriendo así, pero ni siquiera es lo peor. Lo peor es que el ingreso de dinero que aporta la publicidad a un medio, te obliga a estar atento: no sea cosa que los contenidos no le gusten al que te financia. Muchísimas revistas culturales, soportadas por financiación externa, mueren cuando cocacola, o la fundación bbva, dejan de auspiciar la contratapa. Ellos deciden hasta cuándo. Ni el editor, ni el lector, tienen la última palabra.

Nosotros lo hicimos al revés, ustedes ya lo saben y no voy a explicar el sistema otra vez. En la tapa de cada revista hay un texto muy pequeño, al pie, que dice “no contiene publicidad”. Y nos encanta que seamos ustedes y nosotros, y nadie más, los que decidamos hasta cuándo.

Pero durante la primera temporada de orsai (2011) descubrimos un problema: el ojo del lector no está acostumbrado a pasar de un contenido a otro, sin un descanso, sin un “corte”. Por eso en el segundo año (este 2012) incorporamos a un creativo publicitario, pero para que haga antipublicidad.

Hace muchos años a la publicidad se la llamaba “consejos”, y eso estaba bien. A nosotros nos gustan los consejos, pero no las empresas que dan consejos. Nos gusta el descanso gráfico, la idea oportuna y la pertinencia creativa. ¿Pero por qué usarla para vender relojes o perfumes?

En cada número de Orsai 2012, entonces, incluimos consejos. En la contratapa por ejemplo (el sector más caro de la revista si tuviéramos auspiciantes) vendemos una idea institucional: proponemos que “la vida es sencilla”. […]

En el interior hay descansos publicitarios en donde se aconseja qué hacer cuando tu pareja está en días complicados, o cuál es el ciclo de la procrastinación, o hasta dónde podemos estar desconformes con lo que ganamos.

Y en los casos en que mencionamos marcas o empresas, lo hacemos con el objetivo de debatir actitudes compulsivas o poner el dedo en la llaga de nuestros hábitos de consumo.

La idea es utilizar el arma más afilada del marketing (el descanso publicitario de una revista) para hablar de quiénes somos y quiénes querríamos ser. Y no de qué tenemos y qué nos gustaría tener.

La revista Orsai, en 2012, mejoró mucho su “respiración” gracias al aporte de estos descansos antipublicitarios entre contenidos. Un poco por la idea estructural, pero sobre todo por la inteligencia y la sensibilidad del autor de estos afiches.

El autor es Eduardo Salles, un creativo publicitario mexicano que fichamos en diciembre del año pasado para que haga, para nosotros, este trabajo sutil en Orsai.

Eduardo es Director Creativo de JWT México. Un cerebro privilegiado, posiblemente uno de los mejores creativos de habla hispana. […]  Cuando lo llamé por primera vez (después de haberme fascinado una noche entera con sus trabajos) pensé que hablaría con un tipo de mi edad. Me respondió un chico de veinticuatro años. Y entonces entendí que, además, estaba frente a una especie de geniecillo loco.

Eduardo Salles cumplió veinticinco años hace unos días. No estaba en México para festejar, sino en Francia, representando a JWT México en la 59º edición del Festival Internacional de Creatividad de Cannes. (Creo que todavía está allí, o quizás ya regresando a casa.)

Su campaña de Nike —en la que trabajó durante 2012 como Director Creativo— se llevó dos medallas de plata y un metal histórico para México: el Titanium & Integrated. Los que entienden de publicidad saben que se trata del gran premio imposible, el más deseado, la palma de oro.

Desde Cannes, mientras recibía estos premios con veinticinco años recién cumplidos, en medio de la adrenalina y los flashes, Eduardo diseñaba las próximas páginas de Orsai número ocho.

Hoy empiezan los goteos de la próxima edición, y quería empezar así. Diciendo que nos sentimos orgullosos y sorprendidos, y sobre todo privilegiados, por tener en nuestra revista a los mejores artistas del mundo.

Y sin publicidad.

Vamos a parar un poco aquí el video.

Y a recopilar una serie de conclusiones que asustan:

  • Una publicación, se plantea “from scratch” que no quiere pasar por el ciclo económico clásico para salir al mercado
  • Una publicación, admite abiertamente que la publicidad normal no vale ni para tomar por el culo y que condiciona en muchos casos el contenido editorial
  • A todos les gusta las historias y el storytelling asociadas a la publicidad, cuando están bien hechas. El producto es irrelevante, es una molestia necesaria en el hecho de contar una buena historia
  • Todos necesitamos una pausa mental entre contenidos, que podemos aprovechar con contenido relevante y de valor
  • Se saca de la manga el concepto de antipublicidad, que semánticamente no deja lugar a ninguna duda
  • Ojo a la ráfaga: descanso gráfico, la idea oportuna y la pertinencia creativa
  • Un profesional relevante de una agencia importante trabaja por la patilla (asumo) para crear contenidos que le gustan fuera del círculo que le paga

A lo mejor ustedes llegan a distintos puertos a los que he llegado yo, o por caminos diferentes. Tal vez yo esté sesgado. O tal vez, otra vez, The writings are on the wall.

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