Archivo mensual: junio 2012

El desencanto

He de reconocer que soy dado a idilios rápidos. Anteayer conocí a Ralph del Valle vía mi amigo Javier Piedrahita, ayer me compré el libro Gnandelos y hoy me lo he terminado y sale este post. No es que me sobre el tiempo libre, pero en general soy hombre dado a pocas hostias.

Naturalmente, pensé en comentarlo en Advertising Wreckage inmediatamente: Un ex-publicitario que se encarga de dinamitar, con un lenguaje que me hace parecer una monja clarisa (¡A mi!) todo el inmenso teatro de títeres que llevamos años denunciando desde aquí, no podía tener mejor pista de aterrizaje que AW. Como Amir Kassaei,  Lester Wunderman y resto de luminarias publicitarias que le han visto la cuerda al muñeco. No creo que pueda hacer mejor resumen que el que hace Yorokubu en este artículo sobre ese ángulo.

Sin embargo, creo que es profundamente injusto. Para con Ralph, y fundamentalmente para con la novela.

Bueno, de novela tiene lo justo. Porque obviamente, detrás de las agencias mal enmascaradas a propósito, se nota la pluma de alguien que ha vivido todo eso en directo o de primerísima mano. Pero eso justo que tiene, esa parte novelada, que es cuando Ralph comienza a divagar, creo que es algo que se ha menospreciado entre toda la barahunda del ruido de las denuncias y los escándalos.

Es el infinito asco, la infinita condena de toda una generación que está lo suficientemente formada como para darse cuenta de que sus jefes son unos babuinos y que la industria española es una carraca, pero que no tiene capacidad real no ya de mejorarla, sino siquiera cambiarla, y que se limita a filosofar de manera cínica y distanciada para mantener la cordura.

Esa parte de la novela, que está opacada por las putas, la cocaína y los jefes con problemas con los neurotransmisores, me ha generado una serie de sensaciones tan sólo comparables al primer visionado que hice de “El Desencanto” de Jaime Chávarri. 

Esa generación de poetas dipsómanos que eran los Panero, reflexionando en voz alta sobre su decadencia, extinción y ruina, en su lúcida e intelectual pose digna. Esa podredumbre lúcida, esa decrepitud consciente. Ese sentimiento, como una telaraña mohosa, es el que cuelga de las esquinas de los soliloquios de Ralph. En la parte que posiblemente la gente se haya leído en diagonal buscando la siguiente chusquez, está posiblemente lo más interesante de éste libro.

Por supuesto que me interesaría saber de que manera Ralph mando a tomar por el culo al presidente de Cáspita, o si su director de arte momificado llegó a jubilarse o se lo llevó antes una angina de pecho traicionera. Me encanta saber lo trilera que era la Panda, y como los españoles somos capaces de convertir cualquier compañía prometedora en una mierda como todas las demás porque nos encargamos de sofocar cualquier chispa de rebeldía, imaginación o innovación, porque es tan intrínsecamente opuesta a nuestra naturaleza que tememos que termine por extinguirnos.

Pero creo que centrar este post en esos aspectos no le hace justicia a lo que ha escrito Ralph. Y creo que en el fondo de su corazón, apreciará en su justa medida que otro clamante en el desierto como yo haya apreciado, en la humildad de los 2,98 € que he pagado en Amazon.es , su buen oficio como escritor, su afán de llamar al pan pan y al vino, vino; y su denuncia, alta y clara, de como estamos tirando por las alcantarillas las mejores mentes de nuestra generación, que diría el otro, sacrificadas en el altar de la mediocridad que es éste país y su circunstancia.

Buen trabajo, Ralph. Que nadie te diga que es una mierda porque no lo es. Pero eso ya lo sabes tú.

3 comentarios

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Hoy la entrada la hace Ralph del Valle…

… que me hace parecer un lirio del valle no, lo siguiente. *Clap* *Clap* 

No puedo superar lo que se ha escrito en Yorokubu:

http://www.yorokobu.es/balazo-narrativo-al-mundo-de-la-publicidad/

 

 

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