Prusland y lo que tiene que pasar para que triunfe

EDIT: Título cambiado a algo menos equívoco.

Nuevo post de Gonzalo sobre los chicos de Prusland ( A ver si algún día me siento con ellos de una vez a explorar posibilidades ) Y como siempre, comienzo a replicar y me sale un post. Un clásico.

El problema principal (algo que ya planteaba en el post anterior) es una combinación de dos factores perversísmos:

  • La inmadurez del mercado publicitario en general, que se manifiesta a diferentes niveles:
    • Los anunciantes pagan por una serie de cosas completamente absurdas, pero no pagan por cosas con mucho más criterio
    • No hay actores que permitan llevar publicidad dirigida al usuario final, dado que el modelo de negocio existente no los incluyen
    • Las métricas son perversas e incentivan/perpetuan  los comportamientos absurdos
  • El consenso generalizado de la persistencia y/o validez de situaciones históricas como de plena validez actual
    • Hay una economía de la escasez que ha ido fijando los precios de manera inmemorial que ya no tiene sentido (Infinitos canales, infinitos medios)
    • Las métricas han sido, siguen siendo y serán una filfa
    • Se sigue insistiendo en intentar cobrar por un impacto equivalente en un entorno on-line una décima parte de su equivalente real
    • Se sigue pagando el anuncio en el WSJ a millón de dólares, cuando no se pone para los potenciales clientes, se lo ponen los anunciantes a si mismos (“Hey, estoy en primera del WSJ”). Seth Godin todavía se está riendo de esto
    • Hay muchos intereses creados históricamente para que todo siga como está. Como decía Vázquez de Sola, las costumbres prevalecen sobre las leyes. Y muchas veces sobre los más elementales criterios de raciocinio económico.
    • Se hacen terribles tonterías con las estrategias de pricing por el efecto ancla de los mecanismos existentes

¿Estoy diciendo que los anunciantes son memos? No, Estoy diciendo que son muy cómodos. O que conocen como la palma de su mano un negocio que ya no existe (Seguro que hay por ahí especialistas en máquinas de escribir o en revelado en cuba química). O peor, que son muy listos y se han dado cuenta de que lo que les conviene a ellos no es necesariamente lo que le conviene a su compañía. No descubro nada si digo que uno de los principales problemas de las compañías (Y de la clase política, por ejemplo) es la confusión interesada de intereses particulares con los generales que teóricamente representas.

Un ejemplo meridiano de esto que estamos diciendo es por ejemplo, el hecho de que una industria con unos males similares, como la discográfica, ha necesitado casi diez años para que alguien diga que los músicos no necesitan a  las discográficas, o que han sido un tapón para la industria musical, échale otros diez antes de que los anunciantes interioricen que se la  han dado con queso.

Por un efecto perverso que se llama “necesidad de interiorizar la estafa”

Básicamente incluye la necesidad de admitir, cuando hemos tenido un desengaño, que nos la han metido bien metida antes de plantearnos la reconstrucción. Sin esa interiorización, siempre estaremos sometidos a potenciales recaídas y autoengaños.

¿Por qué estos valientes artistas abren la boca ahora en lugar de decir esto hace diez años?

Por dos razones fundamentales:

  • Ding-dong, la bruja ha muerto. Ya no se puede sacar nada de las discográficas, no son imprescindibles, ni siquiera tienen dinero para hacer videos decentes artistas como Marilyn Manson (Fuente Popular 1) con lo que podemos decirles a la cara unas cuantas cosas que antes no nos atrevíamos por si las moscas.
  • Por el proceso mencionado de interiorización del tiempo que han estado haciendo el primo.
Mejor qu ePlinio el Viejo

Mejor que Plinio el Viejo

Y un comentario final a la industria existente: en uno de los libros que me he calzado este verano (Gracias Marcelino!), hay otro aprendizaje ejemplar: No te empeñes en ganar una mano cuando lleves malas cartas, y no te piques con alguien que te ha ganado una mano, porque son sólo negocios. Si te picas, comenzarás a hacer gilipolleces y perderás hasta la camisa. El jugador profesional, al contrario que el aficionado, sabe cuando algo que ha ocurrido es estadísticamente improbable; y cuando se sienta un jugador mejor que él en la mesa, sabe levantarse irse a otra.

Conclusiones: Llegará el tiempo en que la publicidad llegue a su mayoría de edad, y los que estén colocados se convertirán en los amos cuando llegue su época. A Prusland le tocará si aguanta lo suficiente.

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