Post dedicado al propiciador, uno de los sospechosos habituales, Juanjo Carmena (@juanjoc)
La primera vez que oí esta expresión (“Asesinato a cámara lenta”) fue en el horrible cúmulo de execrables actos que culminaron en la muerte del concejal de Ermua Miguel Angel Blanco. Dudo que alguien necesite algo de background data sobre el tema, pero si alguien lo necesita puede chequear este reciente artículo de Libertad Digital donde se recupera la expresión.
Sin embargo, me temo que la expresión se queda corta y no capta todos los matices si la intentamos aplicar a otro fenómeno que estoy percibiendo en muchísimos entornos empresariales. Por eso creo que necesito una definición un poco más fina de algo que denomino “asesinatos a cámara superlenta”
Un asesinato a cámara superlenta, es, por ejemplo, lo que está ocurriendo con el modelo televisivo, como plantea aquí (Con un comprensible cuidadín por lo sensible del tema) el amigo Blodget, al que he traído varias veces a colación en este blog. El post es de Junio, pero me lo acaba de reenviar mi amigo Juanjo Carmena y a pesar de que me lo perdí en su día (Cosa rara porque a Blodget lo sigo y sus decks de State of Internet por ejemplo, son un clásico), ha resonado fuertemente en mí.
Llevo por razones profesionales viendo ultimamente varios asesinatos a cámara superlenta de muy cerca. Con gente muerta sin saberlo. Dead man walking. Modelos de fidelización caducos. Mecánicas publicitarias caducas. Mecánicas de facturación caducas. Mecánicas de negocio que infraponderan o simplemente ignoran Internet, la movilidad, los Tablets, las Redes Sociales, o todo a la vez. Con negocios que siguen facturando, y aparentemente sanos. Otros ya ni eso, con sus directivos rapiñando sin importarles ya las formas lo poco que queda antes del colapso definitivo del otrora gran carnívoro, ahora roído y consumido internamente por su propia ambición, avaricia y gilipollez.
Y como ya he dicho en multitud de ocasiones, lo peor es que lo saben de sobras. A ver si hay suerte y me prejubilo antes, se dicen. A ver si hay suerte y mis clientes son bobos, no ponen la oreja en internet, nadie les avisa, nadie les dice que toda mi parafernalia ya no tiene sentido.
Y que asuma el coste del cambio otro. O que la compañía se vaya directamente a tomar por el culo. Para lo que me queda en el convento…
“Si, pero pueden estar en ese estado años, Javier, no te calientes la cabeza. Además, que vas a hacer, ¿Cambiar physical dollars por digital cents?”
Fijáos bien en esta foto

La bala es Internet. Los crayons son Kodak, Blockbuster, [Autocensura 1], [Autocensura 2]
Kodak es el ejemplo paradigmático. ¿Que compañía tiene el mayor portfolio de patentes en fotografía digital? Kodak. De hecho fue lo primero que intentaron vender cuando entraron en Chapter 11, con el pequeño problema de que no se percataron de que “Beggars can’t be choosers” y cuando les ofrecieron menos de la mitad de su valor real, los retiraron de la venta.
Pero claro, no iban a canibalizar sus cash cows.
Yo aquí pienso como el sociópara de Mr. Jobs “Prefiero canibalizarme yo mismo a que lo haga mi competencia, que lo hará con mucho menos cariño” Si el equipo del Macintosh se iba a crujir al del Apple Lisa, mala suerte.
Es como si el tiempo se hubiera detenido justo después de la caída de la guillotina. La cabeza sigue en su sitio. El tiempo, congelado. Técnicamente, sigues vivo en ese instante, pero estás muerto.
Porque por muy lento que vaya, el tiempo sigue.

Como decía el legendario diálogo entre Ozymandias y el Dr. Manhattan:
Adrian Veidt: I did the right thing, didn’t I? It all worked out in the end.
Dr. Manhattan: ‘In the end’? Nothing ends, Adrian. Nothing ever ends.
Estás muerto. Todavía no has tenido tiempo de darte cuenta, la cabeza no ha caído, la sangre no ha dejado de fluir. Pero has dejado de latir. La apóptosis empezará en breve. Kaputt.
Para cada modelo de negocio tradicional, Internet tiene una bala de plata.
¿Alguien se acuerda de una película que se llamaba “Muerto al llegar”?
Dexter Cornell llega malherido a la comisaría donde pretende denunciar su propio asesinato. En su declaración recuerda lo sucedido en las últimas horas, a partir del suicidio de uno de los alumnos de su clase de literatura. Dexter tiene buenas razones para querer que se encuentre al asesino, pero no tiene demasiado tiempo.
Al menos Dexter era consciente de ello y no esperaba engañar a la muerte mirando a otro lado.