DISCLAIMER: Este es el último post de la trilogía del anunciante, que incluye Matrix revisited y ¿Es el anunciante un gilipollas?, espero dejar a los pobres anunciantes en paz por una temporada
¿Alguno de ustedes es un fan de la Ginebra?
Ayer tuvimos una apasionante charla a la hora de comer sobre la misma, sobre la experiencia de cada uno de nosotros, y como soy un enfermo, obviamente me dí cuenta de los paralelismos con el anunciante.
La primera ginebra de mucha gente suele venir del quinteto Larios / Gordon’s / MG / Beefeater /Tanqueray, eso asumiendo que ya tenían una cierta capacidad adquisitiva y que no se veían abocado a entregarse a atrocidades como la ginebra Lirios (existía) o la ginebra anónima garrafonizada.
A partir de estas ginebras, que he colocado de manera más o menos grosera en orden de peor a mejor (siempre habrá opiniones) se empezó a modelar el gusto español por la ginebra.
La gente, acostumbrada a estas ginebras, era capaz de decir “A mi es que sin Beefeater es que no me hagas un Gintonic”, estábamos hablando de un cierto nivel de sofisticación. O algo peor “Mira, es que a mi la Ginebra no me gusta, o no me sienta bien”
Y entonces llegó la Bombay Sapphire.
Fuertemente aromatizada, diferente, y cabeza y hombros sobre lo existente.
Obviamente, tenían que salvar siempre el escollo de “A mi es que la ginebra no…” y si el persuasor era lo suficientemente bueno, el degustador se daba cuenta de que lo que había probado hasta ahora ni era ginebra ni era nada.
Empezaron los gin-tonics currados a aparecer (Mucho hielo, limón en el borde, hierbabuena, un poquito de pepino los más osados…).Anteriormente Bond también hizo lo suyo por contribuir con el inolvidable “shaken not stirred“
Tanta fue la revolución que los antiguos amos del cotarro empezaron a hacer imitaciones más o menos descaradas.

La sofisticación del paladar es un camino en el que no hay vuelta atrás: Comienzas a apreciar realmente las sutiles diferencias y comienzas a abrir dos grandes familias, las ginebras muy aromáticas y las ginebras muy secas. Como ejemplos de las primeras, en un escalón todavía superior a las mencionadas, podemos citar Citadelle, London Gin, y un Ferrari de las ginebras, G’Vigne. En las secas podemos mencionar la Bulldog, muy buscada en Madrid y con mucha dificultad para encontrarse.

No quiero insistir más, no soy un conossieur del tema. Lo que quiero dar a entender es una serie de conclusiones totalmente trasladables al mercado del anunciante:
- La gente no ha probado nada ni tiene ni puta idea de lo que hay realmente en el mercado o de lo que se puede hacer, pero tiene una opinión muy formada que además vincula a su proyección personal “A mi es que la ginebra no me sienta bien”
- Tu te puedes mover hacia el siguiente estado porque la barrera de entrada es relativamente baja, solo necesitas alguien con más know how ( el famoso enterao) que te lleve de un sitio a otro, y el producto hace el resto. El problema es que moverte de un esquema publicitario a otro es más complicado, hay más cosas en juego, y al final del día, el beneficiado de un buen copazo eres tú, mientras que el beneficiado de un mejor esquema puede ser tu compañía. No es el mismo driver, la misma motivación.
- El margen de mejora es infinito. Cuando alguien te dice “Es que la ginebra es esto” o “Es que el negocio es así“, son variantes del “Todo esta inventado“; que como dice Juanjo Sáez; hasta que alguien viene con algo nuevo que te rompe la cabeza y te quedas con cara de idiota.
- El sentido de progreso siempre es hacia más conocimiento. La pirámide de Maslow tiene un solo sentido de crecimiento, hacia arriba. Los modelos publicitarios no tienen más sentido que hacia mejor y más sofisticado.
En resumen: Podemos acusar al anunciante de cobarde y de ignorar la realidad, podemos acusarle de tener convicciones muy sólidas basadas en pocos datos y circunstanciales, podemos acusarle de autoengañarse de manera miserable, podemos acusarle de no querer complicarse la vida y de experimentar con gaseosa.
Pero no de ser gilipollas. En cuanto prueben una buena ginebra, no habrá marcha atrás.
Santé!